Se acabó
15 01 2008Nunca le terminé de encontrar el gusto ni el camino a este blog.
Así es que acá se termina.
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Nunca le terminé de encontrar el gusto ni el camino a este blog.
Así es que acá se termina.
Estoy enfermo, y extrañamente para los 30º que aplastan mi departamento, tengo la garganta hecha mierda, y algo de frío. Cuestión que acabo de ver una vez más Rocky II, de la industria yanqui de cine, sin dudas de lo mejor. 

A los editores de La Nación no les pareció una noticia suficientemente relevante como para ponerla en tapa:

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Al menos así, lo veo yo.
No voy a hablar de política. Estuve en la asunción de Cristina, un rato en el recinto, y luego en el salón azul, donde la Presindeta saludó a los mandatarios presentes. Tuve frente a mi a Lula, a Rafael Correa, con Tabaré intercambié unas palabras, y Chávez se detuvo a contarme una larga anécdota acerca de un periodista que hablaba con un filósofo, pero eso amerita otro post. Lo que me gustaría contar es que también lo vi a Evo. Ahí estaba, sin traje, no por adolescente rebeldía, sino porque no lo siente suyo, no le parece honesto, y merece ser tomado en serio aún sin el saco y la corbata. Le estreché la mano, y lo miré a los ojos. Noté en él un semblante muy distinto al del resto de los presidentes. Repito que no hablaré de ideas ni de políticas, sólo me interesa destacar la cara de este hombre. Mientras todos se mostraban fuertes, Evo tenía la cara cansada, en su país lo esperaban grandes problemas, y él tiene profundas ganas de que los bolivianos estén bien.
Ese es Evo, un hombre que es Presidente.

Vivir en un departamento en plena ciudad de Buenos Aires, en verano, se torna a veces insoportable. Pero la tarde de hoy estuvo bien, en el balcón había sombra y corría un poco de aire, se estaba mejor ahí que adentro, sin dudas. Además adentro está la máquina, y en ella el ineludible trabajo. Así es que salí al balcón, colgué la hamaca paraguaya y me entretuve en un cuento de Hemingway. Estoy acercándome de a poco, leí “El viejo y el mar”, y si no fuese porque suena a cliché diría que es maravilloso, me cuesta usar esa palabra por lo gastada que está, pero hay ciertas cosas a las que no les cabe otra. En fin, una de las mejores novelas que he leído.
Y así pasé un rato, en la hamaca con Hemingway, y eso fue bueno.
Pasó un año desde el comienzo de este espacio, y no festeje, ni una mísera reseña.
En fin, muy ricos los sanguchitos con mendicrim, saludos a los tuyos, que no sea nada, y que no se corte che…