No voy a hablar de política. Estuve en la asunción de Cristina, un rato en el recinto, y luego en el salón azul, donde la Presindeta saludó a los mandatarios presentes. Tuve frente a mi a Lula, a Rafael Correa, con Tabaré intercambié unas palabras, y Chávez se detuvo a contarme una larga anécdota acerca de un periodista que hablaba con un filósofo, pero eso amerita otro post. Lo que me gustaría contar es que también lo vi a Evo. Ahí estaba, sin traje, no por adolescente rebeldía, sino porque no lo siente suyo, no le parece honesto, y merece ser tomado en serio aún sin el saco y la corbata. Le estreché la mano, y lo miré a los ojos. Noté en él un semblante muy distinto al del resto de los presidentes. Repito que no hablaré de ideas ni de políticas, sólo me interesa destacar la cara de este hombre. Mientras todos se mostraban fuertes, Evo tenía la cara cansada, en su país lo esperaban grandes problemas, y él tiene profundas ganas de que los bolivianos estén bien.
Ese es Evo, un hombre que es Presidente.

excelente, no lo había leido