Horacio Martínez Surbirmajesh sorprendió al mundo con su hallazgo. Creo que es indescriptible el orgullo que sentí al recibir la noticia. Los diarios matutinos no pudieron dar cuenta de lo sucedido. El anuncio oficial, programado para mediados de 2008, fue precedido por la filtración de la noticia en la madrugada de hoy. Así es que fue la radio, más precisamente la voz de Enrique Figueroa, la que va a quedar para siempre en mi memoria.
Nuestro país le debe a Surbirmajesh su eterno agradecimiento, este descubrimiento acaba de asegurarle a la Argentina un lugar privilegiado en la historia de la humanidad.
La esperanza se renueva sabiendo que hay hombres de semejante sabiduría, trabajando sobre nuestro suelo. De acuerdo a las estimaciones de los equipos interdisciplinarios que trabajan junto al “nuevo Einstein” (así lo bautizaron sus colegas), la repercusión social que tendrá para el mundo este suceso, sólo es comparable al descubrimiento del fuego.
“Necesitamos encontrarnos con los elementos concretos, pero de acuerdo a los informes que hemos recibido, podemos decir que estamos presenciando el nacimiento de un nuevo paradigma”, es inevitable entusiasmarse hasta el extremo con estas palabras de Patrick Peterson, director del Centro de Investigaciones Microbiológicas de Salamanca.
Es difícil imaginar como seguirá nuestra vida después de esto, en lo personal solo atiné a escribir, las piernas todavía me están temblando. El mundo como lo conocíamos, o creíamos conocer, ya no existe. Mis ideas, posturas, estructuras, todo esta dando vueltas en mi cabeza tratando de poder ubicarse nuevamente. Saber lo que hoy sabemos es como un salto al vacío, ni el mejor escritor de Ciencia Ficción podría haberlo imaginado.
En fin, ya no se si tiene sentido seguir escribiendo, ¿para qué? ¿para quién? ¿Cuánto tiempo más tendrán vigencia estos antiguos modos de comunicarnos? No salgo de mi asombro y me siento poseído por un sin sentido. Tanta filosofía, tanta ciencia, y justamente ahí, en eso tan pequeño…